Es una escena clásica cada invierno: recorres la finca y, de repente, te encuentras con parches de costras rugosas, de un color anaranjado o terroso, recubriendo la madera de tus olivos. La primera reacción suele ser de alarma, pensando en un ataque masivo que va a arruinar la próxima cosecha. Sin embargo, la realidad agronómica es mucho más tranquila.
Esa costra no es otra cosa que la puesta del Barrillo (Hysteropterum grylloides), un insecto que utiliza el olivo simplemente como «hotel» para proteger a sus huevos durante el frío.
A diferencia de otras plagas que perforan la madera o succionan la savia de forma agresiva, el barrillo tiene un comportamiento muy particular:
En el sector agrícola, a veces el mejor tratamiento es no tratar. El problema real del barrillo es que su apariencia «escandalosa» lleva a muchos agricultores a realizar aplicaciones de fitosanitarios totalmente innecesarias, lo que supone un gasto de dinero y tiempo sin ningún beneficio.
En Carmonagro, nuestra labor de asesoramiento se basa precisamente en este rigor:
No. El barrillo no es una plaga que afecte a la síntesis de aceite ni al desarrollo del fruto. Al alimentarse principalmente de plantas de la cubierta vegetal fuera del olivo durante su etapa de crecimiento, no interfiere en el rendimiento graso de la aceituna. Si nota una bajada en el rendimiento, es probable que la causa sea otra plaga o un déficit nutricional, por lo que recomendamos un análisis foliar para salir de dudas.
Desde un punto de vista agronómico y de rentabilidad, no es necesario. Las puestas de barrillo son una cuestión puramente estética en la madera y terminarán desapareciendo por sí solas con el tiempo y la exposición al clima. En Carmonagro priorizamos el control operativo solo en aquello que realmente impacta en la producción, por lo que aconsejamos no invertir recursos en limpiezas manuales o químicas para este insecto.
No hay evidencia científica que relacione al barrillo con la transmisión de hongos como el repilo o la verticilosis. Sin embargo, puesto que las ninfas viven en la vegetación espontánea, un manejo adecuado de las cubiertas vegetales es siempre una buena práctica para mantener el equilibrio sanitario de la finca. Lo más importante es no confundir estas puestas con otras plagas que sí favorecen hongos (como la negrilla), algo en lo que nuestro servicio de diagnóstico especializado puede ayudarle.

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